sábado, 21 de abril de 2007

Josefa Emilia Toledo Murillo (1866 1962)

(En el 141 aniversario de su nacimiento)

Nació el 21 de abril de 1866 en Juigalpa, Chontales. Al año siguiente, el 18 de enero, nacerá Rubén Darío. Cercanos están estos dos nacimientos. Él será después genial poeta, revolucionario de la prosa y el verso hispánicos. Ella se convertirá en maestra de generaciones y hará de la educación nicaragüense su propia arena de lucha, el campo de su acción revolucionaria. No es mi propósito vincular estas dos existencias que correrán por senderos creativos diferentes y en distintos grados de trascendencia. Pero vale la pena mencionar algunas situaciones y hechos semejantes en los orígenes de estos dos personajes extraordinarios y coetáneos.

A menudo ocurre que el aporte de las mujeres a la política, la ciencia y el arte queda invisibilizado y olvidado, pero a veces los logros de una son tan grandes que no hay manera de ignorarlos। Pero de todos modos, lo que le dan a conocer a la gente es una imagen incompleta, a la cual le han quitado partes que contradicen a la creencia tradicional de cómo debemos de ser las mujeres.

Eso fue lo que ocurrió con doña Josefa Toledo de Aguerri. Mucha gente la conoce sólo como una maestra de generaciones, pero se habla muy poco de que ella fue una de las primeras feministas nicaragüenses. Se definía a sí misma como feminista y se sentía orgullosa de serlo. Incluso escribió en uno de sus artículos que "el primer feminista fue Dios". Ahora todos la elogian y dicen que era una mujer intachable, pero en su época la acusaban de sinvergüenza y destructora de valores morales, porque Josefa Toledo no creía que las mujeres nacían sólo para ser amas de casa. La vida de Josefa Emilia Toledo Murillo fue larga, interesante y a ratos, bastante difícil. Nació en Juigalpa, Chontales, el 21 de abril de 1866. Su padre era comerciante y ganadero, pero falleció de repente cuando la niña tenía apenas tres años. Con esta muerte, el bienestar económico de la familia se vino abajo. La madre de Chepita tuvo que trabajar duro para mantener a sus cuatro hijos.

La muchacha creció en un ambiente de sacrificios y esfuerzos. Tal vez, de allí nació su convicción de que las mujeres debían tener preparación para poder valerse por sí mismas. Ahora muchas personas ya están de acuerdo con esta idea, pero en el siglo pasado la cosa era distinta. Las mujeres rara vez avanzaban en sus estudios más allá de las primeras letras.

De niña, Chepita era traviesa y no le gustaban para nada los estudios। A los siete años todavía no sabía leer, porque la forma de enseñar en aquel tiempo era muy aburrida. Haciendo un gran esfuerzo, su mamá la envió a Masaya, adonde la conocida maestra Paulina Vega, bondadosa y paciente. Ella al fin logró que la chavalita se interesara en las clases.
 
Al completar el tercer grado de primaria, que en ese entonces era lo máximo para las mujeres, Josefa Emilia regresó a Juigalpa. Allí se dedicaba a los quehaceres domésticos y leía todo lo que caía en sus manos: novenas, oraciones, libros de santos... Por mera casualidad, encontró un folleto sobre el Colegio de Señoritas de Granada y declaró a su madre que quería ser maestra.

La chontaleña pudo

Vale la pena recordar que en aquella época en Nicaragua no existían maestras graduadas. El Colegio de Señoritas de Granada fue fundado en 1882 por el Gobierno precisamente para preparar a primeras profesoras y era un centro educativo de gran prestigio. La mamá de Josefa Toledo no tenía dinero para costear estos estudios, pero logró conseguir una beca para su hija. En 1883 Chepita ingresó al colegio.

El caso de Josefa Toledo demuestra la importancia de la comprensión y el apoyo de la familia. Si doña Engracia Murillo, su madre, no hubiera respetado y apoyado la decisión de la hija, que sólo tenía 15 años, Nicaragua tal vez hubiese perdido a su más ilustre maestra.

La mayoría de las estudiantes del colegio eran muchachas ricas, originarias de Granada. Al comienzo ellas discriminaban a Josefa , porque ella era de "tierra adentro". Pero la chica se sentía orgullosa de su origen y les contestaba: "Sí, soy de Chontales. Ya verán cómo puede esta chontaleña".

Muy pronto se convirtió en la mejor alumna y en 1887 se graduó con honores. Tan excelente era que sus profesoras recomendaron a la Junta de Padres de Familia incorporarla al personal docente del colegio. A los 21 años Josefa inició su larga carrera magisterial. Cuatro años después, fue nombrada directora del Colegio de Señoritas de Granada.

El trabajo y la familia

En 1897 se hizo cargo del recién fundado Colegio de Señoritas de Managua. En 1900, cuando ya tenía 34 años, se casó con el español Juan Francisco Aguerri. Fue un amor repentino e intenso, como en las telenovelas. Después de la boda, Josefa dejó la enseñanza y se dedicó a su familia. Crió a sus dos hijas, Inés y Esperanza, y también se hizo cargo de dos varones hijos de su marido. Suficiente ocupación tenía con eso, pero era maestra nata, no se hallaba sin su trabajo. Enseñó a leer hasta al chavalito que llegaba a su casa a dejar la leche. Entonces, cuando el Gobierno invitó a doña Josefa para que organizara y dirigiera la Escuela Normal de Señoritas de Managua, ella dijo que sí. Al inicio su esposo no estaba muy de acuerdo, pero Chepita logró convencerlo. Incluso hoy en día hacer estas negociaciones no es nada fácil, y a inicios del siglo XX era todavía más complicado. Muy pocas mujeres trabajaban fuera de su casa, y menos, si estaban casadas. Sin embargo, Josefa Toledo tenía talento para negociar con su pareja, con gran dignidad y respeto mutuo.

En 1910, a raíz del cambio de gobierno, fue destituida de su cargo por razones políticas, no se amedrentó y en 1912 fundó el nuevo Colegio de Señoritas de Managua.

A menudo ocurre que el aporte de las mujeres a la política, la ciencia y el arte queda invisibilizado y olvidado, pero a veces los logros de una son tan grandes que no hay manera de ignorarlos। Pero de todos modos, lo que le dan a conocer a la gente es una imagen incompleta, a la cual le han quitado partes que contradicen a la creencia tradicional de cómo debemos de ser las mujeres.

Eso fue lo que ocurrió con doña Josefa Toledo de Aguerri. Mucha gente la conoce sólo como una maestra de generaciones, pero se habla muy poco de que ella fue una de las primeras feministas nicaragüenses. Se definía a sí misma como feminista y se sentía orgullosa de serlo. Incluso escribió en uno de sus artículos que "el primer feminista fue Dios". Ahora todos la elogian y dicen que era una mujer intachable, pero en su época la acusaban de sinvergüenza y destructora de valores morales, porque Josefa Toledo no creía que las mujeres nacían sólo para ser amas de casa. La vida de Josefa Emilia Toledo Murillo fue larga, interesante y a ratos, bastante difícil. Nació en Juigalpa, Chontales, el 21 de abril de 1866. Su padre era comerciante y ganadero, pero falleció de repente cuando la niña tenía apenas tres años. Con esta muerte, el bienestar económico de la familia se vino abajo. La madre de Chepita tuvo que trabajar duro para mantener a sus cuatro hijos.

El verdadero legado

En 1938 la Maestra de Maestras asumió la dirección de la recién inaugurada Normal Central de Señoritas de Managua, que digirió hasta 1947, año en que se retiró de las labores educativas। En 1950, en reconocimiento de sus méritos, fue designada Mujer de las Américas. Hasta la fecha es la única nicaragüense que obtuvo este honor. Falleció en Managua el 28 de marzo de 1962, a los 95 años de edad. Las personas que la conocieron cuentan que era una mujer de carácter firme. Sabía escuchar y también sabía mandar. Nunca gritaba ni perdía la compostura. Era muy seria pero tenía gran sentido del humor y, antes que nada, una enorme dignidad. Durante toda su vida, trabajó sin descanso por los derechos de las mujeres. Como vivió casi 100 años, vio muchos cambios en la situación de las mujeres con sus propios ojos y estaba segura de que la transformación iba a continuar. Por eso dijo en su libro "Anhelos y esfuerzos": "El feminismo avanza ahora triunfal, firme, imponente".

Hoy es conocida únicamente como una excelente maestra, respetable dama de cabellos blancos. Pero la verdad es que era una gran luchadora por los derechos de las mujeres, una de las fundadoras del feminismo en Nicaragua. Esta es la verdadera doña Chepita.

2 comentarios:

Diamantina dijo...

Hola, Mendoza, gracias por exaltar los valores nacionales. Saludos. Melba

Anónimo dijo...

Tu pagina esta super salvaje, de esta forma me doy cuenta de la cultura nicaraguense, con tu ayuda hice un ensayo. seguii asi.